La
mortalidad de pan y la locura. Soy todo eso. En mi cama, en mi
saliva, en la forma de mis ojos y caderas. Soy todo eso. La ninfa y
el rapto. En las letras, en las semanas silenciosas, en los días en
que me escapo para sólo dormir y soñar. En las ganas de no
despertar. En la urgencia por escribir. En la rabia por no saber
desatarme de lo inefable, en el miedo que ahora olvido y en la pared
de mentira. Soy todo eso. Las fuerzas plutonianas, lo que transforma,
lo que atrae y lo que repele, lo que me tiene encerrada entre dos
corrientes que se buscan y se atacan con violencia. En la vigilancia
clandestina, en la aparición urgente, en la masturbación, en el
secuestro y el grito, ahí aparezco como victimaria. Soy todo eso. La
calidez de mis sábanas, la humedad de los bosques, el miedo a
volver sola a casa, en la ninfa indefensa que huye por conservar su
virginidad. Soy todo eso. Soy la dueña del submundo olvidado, soy la
cualidad pánica y soy la ninfa. Soy victimaria y víctima. Lo soy
ahora y quizás lo fui siempre.

Saber que se es todas las cosas, cualquiera que sean, es la vía más elevada de todas.
ResponderEliminarBonito texto.
Saludos.