Porque había estado escapando de una corriente azul marina... Emprendí una travesía absurda que me llevó a hospitales abandonados, en una costa vacía y decadente... Filas enormes de personas que querían ser parte de un espectáculo ridículo, con personajes ciegos, locos, deformes y extraños, reservado sólo para curiosos y fetichistas de los bizarro, hombres de aparente valentía y fortaleza masculina, que no temían al cansancio, al calor, ni al hedor de multitudes errantes... Yo en medio de esa confusión sólo quería, encontrarme y ser parte de lo que otros parecen gozar de manera tan natural. Quise empaparme de la enfermedad, quise escuchar risotadas y ver como los señores importantes apuntaban con su dedo a los inocentes que hacían de su enfermedad el goce de los inescrupulosos. Como era de esperar, me sentí profundamente violentada y traté de distraerme con otras cosas... Con la oscuridad de los cielos nocturnos, los sueños ajenos, la mirada oscura de los hombres que gozan con mi debilidad física y con canciones en la cabeza que me recuerdan fantasías eróticas que nunca pudimos realizar. Escapé de ese tumulto de gente y me fui a tocar las olas con la punta de mis dedos, como si fuera de nuevo una niña temerosa de mojar su vestido blanco. Quise sentirme vulnerable y ajena a toda esa mierda. Quise salir corriendo como una pobre niñita pecadora y prometerme que nunca más volvería a esa costa enferma. Quise pensar en ti, acostado en tu cama, pensando en mi...
eres definitivamente ajena a toda esa mierda... que imágenes tan misteriosas y sublimes... aunque tocabas el agua con la punta de los dedos, te imaginé con el vestido blanco y el pelo suelto flotando en la profundidad... Me gustó mucho el final
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